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miércoles, marzo 01, 2017

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La la Land y... ¿qué más?


HOY VI, a toro pasado, la cinta "consagrada" en los Globos de Oro de este 2017 y multinominada y polémica (por el incidente al final de los óscares, que no "oscars" como insistieron en decir los grises conductores de TVAzteca, respetando la pronunciación en inglés) La La Land.

Me ha parecido que es un filme sobrevaluado, aun notando a todas luces el evidente e intencional afán por hacer del filme un homenaje chabacano al cine musical hollywoodense (del cual me declaro fanático desde siempre) y como bien declaró el equipo de filmación, comenzando por el director Damian Chazelle, quien se excedió de amable al comparar a los protagonistas, Emma Stone y Ryan Gosling ni más ni menos que con Fred Astair y Ginger Rogers. Sí, su trabajo es encomiable por el esfuerzo puesto en la construcción de sus personajes, pero ni si quiera son comparables. Sus bailes son guangos y deslucidos como sus actuaciones y el conjunto de las coreografías; pero, seguro más de uno perdonará esta ligereza de exigencia poco frecuente en el cine de EE.UU. Y el guión... De no ser por los números musicales, sencillamente brillaría por su ausencia.

Quizá las nuevas generaciones se conformen, ya que no tienen mucho punto de comparación y referencia, a menos que revisen y disfruten los filmes musicales previos, como tuvo cuidado de hacer la editora y guionista (por mí desconocida) Sara Preciado, quien tuvo a bien publicar el video que acompaña estos apuntes. Y tal vez eso mismo explique el éxito en taquilla, lo que no es despreciable, sino todo lo contrario.

Por supuesto que comprendo que cada época tiene sus gustos y expectativas, y que cada creador tiene derecho a incluir en su obra sus influencias, filias y fobias, y en esto se rompen géneros. No esperaba ni espero que el cine musical nuevo, de retomarse, siga la escuela de los cuarentas y cincuentas, o la de los setentas y ochentas. Pero dudo que La La Land, musical, actoral y cinematográficamente consiga hacer escuela como aquellas. Tampoco puedo aseverar que sea su intención, como tal vez solo se trate de un honesto, respetable y personal regodeo del director en sus predilecciones Sí, será muy mentada y ya quedó inscrita en los anales de la cinematografía mundial, pero también están en esa historia auténticos bodrios memorables precisamente por serlo.

En mi labor de ser lo más objetivo posible, por supuesto que me alegra que una obra consiga el triunfo, independientemente de su factura; pero, ello no obsta para que conste que, al menos en mi apreciación, exponga lo que resulta tanto poco atractivo como lo que es un acierto.

Dado el tema: una actriz que se enamora de un músico, ambos en el camino de realizar sus sueños artísticos y existenciales, no puede esperarse que aporte mucho más que, por ejemplo, Están tocando nuestra canción u otras obras de Broadway o eruopeas llevadas a la pantalla grande, salvo que, en esta propuesta, la víctima del sacrificio para realizar los sueños de desarrollo es el mismo amor.

Concedo que tiene momentos brillantes, sobre todo algunos extractos fotográficos, por la calidad con que consigue la remembranza de obras previas, no todas musicales, como las que bien ennumeraron el Huffington Post y otros medios, pero quizá ese marcado interés en rememorar tantos filmes haciendo de la película una especie de documental sin serlo, un collage honorífico, una colección de recortes de bailables o escenas dialogadas (como esa en que la pareja discute luego que el músico consigue un trabajo estable, y que recuerda , es lo que la debilita en tanto producto fílmico. O quizás, haciendo oído a sus admiradores, sea lo que la justifique como documento al estilo de apostilla a aquel entrañable Érase una vez en Hollywood en sus dos partes de 1974 y 1976.

En tanto filme, si hago caso omiso a las referencias a obras previas, desde las primeras escenas arranca floja, dibujando una trama sosa que difícilmente consigue sostenerse a lo largo de toda la obra. Y, confieso tristemente, poco después de la mitad, a pesar de mi interés, afán y ejercicio profesional y de cinéfilo por mantenerme alerta y seguir cada cuadro, escena y secuencia, no obstante su ritmo adecuado, la película me perdió como espectador y ¡hasta me quedé dormido!,sin que pudiera achacarlo a cansancio o desvelo.

A pocas horas de ver la película, cuando escribo estas líneas, escarbo en mi memoria y no hallo ni rastro de las melodías, ni siquiera del tema principal; aunque, sí recuerdo que se repitió con insistencia. Las piezas de jazz, brillantes, sí rebasaron y dieron vida al filme, lo salvaron, como algunos de los decorados (dos o tres memorables) y la fotografía.

Empero lo dicho, quienes quedaron fascinados por la cinta me dirán que su valor no radica en su propuesta musical o incluso en su fotografía, sino justo en la rememoración y la paráfrasis de algunas obras maestras del pasado, algunas mencionadas en el argumento o recreadas como Casablanca, Los paraguas de Cherburgo, Rebelde sin causa, Cantando bajo la lluvia, Un americano en París, Mi bella dama, Funny face, y un largo etcétera, y ¡esa discrepancia sí la compro! Comulgo con quienes piensan que detrás del fulgor y el colorido de La La Land se esconde cínicamente la visión reflexiva y crítica de que ni sueños ni relaciones interpersonales tienen valor en sí como en cambio lo tienen la perseverancia y la fe en lo que uno es capaz, algo fácil de decir pero que, en la cruda realidad, no siempre podemos llevarlo a efecto por distintas causas. Entonces, el filme, disfraza una verdad amarga con el oropel de lo naif de antaño, ¿para hacer más digerible el reto de vivir y ser?

La clave para comprender el verdadero peso específico de La La Land descansa en el diálogo del personaje del guitarrista Keith, intepretado por el actor y pianista John Legend:
Lo sé. Es diferente. Pero, dices que quieres salvar al Jazz. ¿Cómo vas a salvarlo si nadie lo escucha? El Jazz está muriendo por gente como tú. Tú tocas para personas de 90 años en "The Lighthouse Cafe". ¿Dónde están los chicos? ¿Los jóvenes? Sigues obsesionado con Kenny Clarke y Thelonious Monk. Fueron revolucionarios. ¿Cómo vas a ser revolucionario si eres tan tradicionalista? Te aferras al pasado, pero el jazz es cosa del futuro.
El mismo Legend abunda en el significado de esta explicación:
Estoy de acuerdo con el discurso de Keith en el sentido de que todos los "grandes" de la música o cualquier forma de arte han hecho algo para innovar en la forma de arte, en lugar de replicar lo que ya sucedió antes. Tanto como usted puede ser influenciado por el pasado o tener héroes del pasado, es importante llevar eso adelante y crear algo nuevo. Cualquier artista que ha tenido éxito, no importa cuánto haya sido influenciado por otros artistas, hace algo innovador.
La La Land no pretende ser innovadora, pero tampoco, y esto es lo importante, se dedica a replicar por mero solaz memorables momentos y extractos de escenas de filmes del pasado. En esto se asemeja a La rosa púrpura del Cairo, Días de radio o Todos dicen que te amo de Woody Allen, o Ginger y Fred de Federico Fellini y otras motivadas por la misma nostalgia.

En resumen, a diferencia de los musicales fílmicos anteriores, este no dejó huella en mi alma en tanto tal. No me movió los pies de forma involuntaria. No me provocó sonreír con la posibilidad de que la vida es un sueño en plena realización. No me transporto siquiera, a pesar de proponerlo con sus referencias, a experimentar nostalgia por un cine que ya no volverá a menos que se reinvente de manera radical. Pero sí me introdujo en una visión crítica del optimismo chauvinista como el que justo ahora experimentan los estadounidenses en su presidente o nosotros los mexicanos en las reacciones a las ocurrencias de Donald Trump.


La La Land - Movie References from Sara Preciado on Vimeo.

domingo, febrero 28, 2016

Puta locura, puta decadencia

UNA DE MIS MUSAS, Verónica Meléndez Coronado, mejor conocida como "Mujer Luna Bella" (su nombre de batalla, "artístico", como bailarina teibolera y éscort), de quien ya he escrito en mi blog Indicios Metropolitanos aparte de mi blog Forja Poética donde compendio mi poesía, y por quien tengo clara admiración y estima, publicó ya su primer videoclip musical intitulado "Sí, soy una puta", en el que declama, a ritmo de no sé qué, fragmentos del monólogo "Yes, I'm a slut" escrito por Clementine Morrigan (2011) (video).

Así como me he prodigado alrededor de su sensualidad en loas con mis versos, debo ser objetivo sin que por ello haga desdoro de su persona.

Me atrevo a afirmar que encierra su video todo el kitsch, el colmo del mal gusto, de la decadencia hasta de lo posmoderno a que ha llevado la moda de sustituir a los músicos por DJs y permitir a cualquiera repetir letras sin la menor gracia, para empezar.

Conste que no soy crítico musical, pero sí melómano y, de plano, prefiero a mi musa en la cama o con otras expresiones, incluso encuerándose en el metro de Monterrey (así salto a la fama) o en sus "decorosas" y estimulantes incursiones en la pornografía. Podrá encantarle el reventón, pero que no se preste a estos esperpentos.

Considero que ella tiene, fuera de ser una fantástica amante, otras facultades mejores aunque por pulir y las cuales podría canalizar de manera más destacada, si dejara de estar picando aquí y allá, sin ton ni son, en la búsqueda de una definición de sí misma. Aunque, no la critico por esto, al fin todos vivimos en una eterna búsqueda de quiénes somos.

Verónica Luna (como quisiera llamarse), la ninfómana, se asume como puta y le agrada ser puta; y ha construido un personaje chabacano alrededor de esta imagen, de esta profesión suya. ¿En demérito de su propia dignidad? A ojos de algunos tal vez. El tiempo lo dirá. No menciono nombres, pero ya va cometiendo el error de otras tan putas como ella (de que las hay, ahí están; algunas incluso así han encontrado sus reventados millonarios con los cuales formar un hogar) que, andando su existencia de antro en antro y de pene en pene, y de vicio en vicio, cierto día decidieron también hacerse DJs, como un side line para cuando ya han dejado de cotizarse, lo que ocurre a partir de los 35 años ¡y ella apenas tiene 24, está en la flor de la edad!, y vaya que es deseable, como puta y mujer.

Tiene especial gusto por la poesía y la literatura en general. Pasó de rapidito, sin mucha convicción, por la carrera de Ciencias de la Comunicación. Hace sus ejercicios de redacción creativa, desarrollando ficciones y barruntos de poemas y sueña con convertirse en escritora. Tiene madera, un poco tosca, dura como el ébano, pero estoy seguro que con la guía adecuada (yo se la he ofrecido sin considerarme el non plus ultra) sabrá explotar esa veta expresiva. Ya se vé que entre las más lindas piezas de talla están las hechas en ébano.

Tolero y hasta comparto el cinismo de mi musa tan puta como se asume, pero me duele que raye en una imagen que contrasta totalmente con lo que ese cinismo señala. Por supuesto que en su descargo pueden alegarse su frescura, su desfachatez, su indecencia, su ternura (que me consta), su inmadurez. Quizá el temor a ser censurada o la impericia de quien le ofreció la producción del video...

En vez de un video "contestatario", como plantea el texto del monólogo medio declamado que contrasta con la muy superior y bella comedia teatral del Monólogo de la puta en el manicomnio escrito por Franca Rame y Darío Fo; o uno con la fuerza para reivindicar a las putas (prostitutas o no), resulta poco menos que uno más entre el conjunto de bazofia que circula por ahí literalmente nomás pa'mover el culo.

Sí, ya sé que muchos chavos me tildarán de ruco ridículo, pero procuro estar al día también en notas musicales y esto no más no entra en otra categoría que la de "si lo ví, ni me acuerdo". Teniendo una oportunidad para mostrar al personaje más consolidado, para generar un producto poco más que solo comercial, más comprometido, simplemente nos presenta esto:


sábado, febrero 20, 2016

Cuando el Eco se hizo Silencio (Prefacio)

SEGURAMENTE MÁS DE UNO, especialmente colegas o exdiscípulos, estará extrañado de que no haya publicado nada en relación al fallecimiento reciente, el 16 de febrero, de una de mis más grandes influencias profesionales y literarias: Umberto Eco. Es que no acabo de asimilar su ausencia, su estructura hoy más que solo ausente, entre romperme la cabeza tratando de resolver la cotidianidad, de hallarle significado a cada acto o silencio, palabra o pasión del momento, esta ausencia tan llena de signos me abruma como profesional de la comunicación, como escritor.

Hay mucho que puedo o quizá debo escribir al respecto. Repaso, acaricio los libros de Eco en mi biblioteca y cada roce es en sí mismo un Eco renovado del pensamiento, una razón de la sinrazón humana, un conjunto de interpretaciones para caminar la interpretación. Una puya en mi anhelo por volver a la academia, una apostilla en el cuerpo de ideas que no he podido acabar de ordenar, de publicar y compartir en la forma de la teoría personal sobre la semiótica de lo humano.

En cada página abierta de esas obras suyas jamás cerradas, hallo el nombre de la rosa y la rosa a su vez me nombra. Me entiendo siendo yo y otro y tantos entre líneas y por las reacciones de los otros, apocalíptico; y sin embargo y a despecho de los recalcitrantes descontentos de siempre, me comprendo integrado en lo esencial.

Si me apuran a mencionar las más importantes y definitivas influencias en mi vida como comunicólogo, o más, en el desarrollo del mundo contemporáneo, sin discusión tendría que anotar: Marshall McLuhan, Umberto Eco, Abraham Moles, JOseph Campbell, Gillo Dorfles, Mircea Eliade, Octavio Paz, José Ortega y Gasset... apenas unos pocos apelativos para anudar la memoria.

Sirva pues, entonces, este apunte como un prefacio de lo que puedo ya estar elaborando para compartir, algún día, tan pronto como lejano. No para hacer un obituario, reseña o revisión teórica como mejor un elogio, en mi estilo, de la lectura.

jueves, junio 18, 2015

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Respondiendo a una "buctubera"

RECIENTEMENTE ATENDÍ EL SIGUIENTE VIDEO y me compelió a responder de la manera que anoto enseguida:

Hola, he escuchado con detenimiento tu carta, en parte porque me he sentido aludido, aunque no sé si has visto mis videos empezando por este "Sopa de Extranjerismos".

Confieso que me tentaste a hacer un contestación también en video, pero tras atender las ligas que aquí compartes así como los comentarios de tus seguidores preferí compartirte mi punto de vista aquí, así, por considerar la forma más contundente.


Luego de escuchar el podcast y de ver el video que refieres noto que la piel de algunos "buctuberos" es extremadamente delgada o su capacidad de lectura es tan superficial que no ven más allá de lo que la ironía busca señalar, y esto lo digo en consonancia con algo que te comenté en un video previo, no recuerdo cuál.

Entiendo que puedan sentirse "ofendidos" por ser tachados de cierta forma, con determinados adjetivos por cierto, para no variar y en la línea de lo mismo que adolecen los "buctuberos" tomados de la cultura anglosajona, tales como "nerds", "freaky", etc. Yo mismo he padecido a lo largo de mi vida de calificaciones semejantes y hasta peores, desde "ratón de biblioteca" hasta "ente raro" (que no otra cosa significan esos adjetivos), y más pronto que tarde aprendí a engrosar mi piel y a tomar las cosas como de quien vienen, sin "hacerme cruces" o "autofagelarme" con una autoconmiseración innecesaria y resultante de una baja autoestima.

Miro varios canales de diversos "buctuberos" y, es verdad, les guste o no tienen características que no comparten con el común denominador de los jóvenes y es justo eso lo que los hace distintos, valiosos, aunque no únicos ni irrepetibles. ¿Raros? Sí, porque el común denominador no lee. "Matados" en el sentido de estudiosos, sí; porque el común denominador va aprendiendo de los libros, los maestros, los pares y la vida como por ósmosis, reactivamente, sin detenerse demasiado tiempo en el disfrute de las cosas que el hombre ha creado, analizando y se conforman solo con entender sin apuntar a la comprensión de las cosas que la existencia ofrece real e imaginariamente, a diferencia de algunos "buctuberos".

Es verdad también que muchos "buctuberos" dejan bastante qué desear en la manera como presentan sus contenidos, aun cuando los hacen con un amor indiscutible. Las reseñas de algunos, ni a reseñas llegan por fallas "naturales" en su manera de expresión; ya no digamos que ni siquiera se acercan a algo similar a una crítica. Los argumentos que exponen en algunos casos, sí, son, aunque auténticos, torpes y mueven a risa, son en este sentido ridículos, pero no vergonzosos.

Los señalamientos de los locutores en las ligas que compartes no se burlan con afán destructivo, así lo entiendo, aun cuando reconozco que sus señalamientos son tan ligeros como lo que señalan. El mismo autor "Blue Jeans" hace mofa como sintiendo pena ajena, en tanto autor, como diciendo: ¡esa clase de lectores tengo!; y como reconociendo: ¡a esa clase de lectores apelo!

Tu carta, conmovedora sin duda, me parece un lamento más que una exhortación. Acompaño no obstante varias de tus ideas. No hay necesidad de maltratar a nadie al momento de efectuar una crítica, pero a veces esta, de tan dura y necesaria, al criticado le resulta ofensa sin serlo, un atentado a su amor propio. Cierto, yo mismo como profesor de comunicadores y comunicólogos por más de 20 años he enfatizado la importancia del respeto por el otro, sin embargo también he acentuado el valor de la crítica y de la autocrítica, y veo en algunos "buctuberos" ausencia de esta última al amparo del regodeo a veces insulso en la tarea de hacer lo que es su mero gusto.

Como le dije en alguna otra ocasión a otro "buctubero", entre el abuso de expresiones sajonas por simple moda y la repetición de formas y maneras de presentar los contenidos la fórmula del booktuber empieza a verse gastada por más que la paren de cabeza. Tu caso es de los pocos que rescato.

Hace no muchos años, editorial Alfaguara hizo un concurso para incluir a blogueros en un proyecto mercadológico llamado "Cadena de Lectores". Enemigo de concursos, me animé a participar quedando, para mi sorpresa, entre menos de una decena de elegidos, la mayoría muchachos 20 años menores que yo. Así comencé mis colaboraciones "gratuitas" a lo largo de 3 años reseñando libros en mi muy particular estilo que hace mi blog "Elogio de la Lectura" escrito y (ahora además) en video (¡sí, soy "buctubero"!). Siendo profesional de la comunicación, mi pago eran los libros mismos que me enviaba la editorial. Mi madre, promotora de la lectura, cómplice de mis "botines" tras cada Feria del Libro, bibliotecaria, con puntual ironía cierta vez me dijo: hoy no hay comida, así que a ver si cocinas un estofado de libros a falta de sopa de letras.

En fin, ¿a dónde he querido llegar? A esto, a lo mismo que decía Luis de Góngora: "ande yo caliente / y ríase la gente" o como yo mismo he escrito en estos ejemplos:

martes, diciembre 09, 2014

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Leer o no leer, ¿ahí el dilema?


Si bien en muchas ocasiones comulgo con Arturo Pérez-Reverte en muchos temas, esta vez no es así (léase la nota adjunta:"El Quijote crea buenos ciudadanos: Perez-Reverte").

Comprendo a cabalidad la importancia literaria y que para la cultura y la lengua hispanoamericanas reviste El Quijote entre muchas otras obras "consentidas", no obstante me queda claro, desde la experiencia en la academia y la personalísima que, dadas las características de las nuevas generaciones, lo peor que puede hacerse en la educación, cualquiera que sea, y especialmente en niveles primarios y secundarios es imponer, obligar a la lectura, así se trate de los clásicos.

Por lo menos en México, donde muchas veces los mismos profesores no están debidamente preparados para conducir a los educandos en la lectura analítica y de comprensión, forzar la lectura de ciertas obras so pretexto de ser fundamentales para el desarrollo humanista de los individuos, en lugar de incidir positivamente en el interés y afán de cada cual por acercarse a los libros redunda en su rechazo. Si a esto aunamos las "facilidades" que conllevan las tecnologías en aspectos didácticos y en el "ahorro" expresivo, pero aún.

Hoy más que nunca antes, a los lectores se les debe persuadir, seducir. Los clásicos no son el garbanzo de a libra, como sí ocurre con algunos textos que, a pesar de su discutible calidad tienen la ventura de tocar la curiosidad, de hacerse significativos para los estudiantes, atraerlos como moscas a la miel de las páginas de un libro.

No estoy afirmando ¡guácala con los clásicos! Ellos también tienen la virtud anotada y muchas más. Solo reconozco y enfatizo que cada lectura tiene su tiempo de maduración. No todos empezamos, de niños, leyendo a Salgari ni de él mismo sus obras de aventuras en los siete mares. No todos tenemos la capacidad imaginativa para comprender el surrealismo de Ende o de Franz Kafka, para el caso de traducciones al español (luego poco confiables). Yo mismo no me atreví a leer Cien años de soledad hasta que me sentí mental, intelectualmente preparado para acometer la empresa. Y es fecha que no he leído Don Quijote de la Mancha. En el arte en general hay obras cuya relevancia no puede ser atajada como si nada.

No todos le entran a la poesía (si lo sabré de sobra en tanto poeta), así se trate de un texto erótico o uno plagado de consignas contra los politicastros.

Hoy veía una nota sobre un grupo de jóvenes cantando una canción de protesta contra el gobierno mexicano y lo primero que noté fue el rango de edades de los cantantes. Luego atendí la letra y no pude más que concluir: alguien mayor de veinte años está detrás de esto. Y es claro, no por hacer menos a los muchachos, pero naturalmente, por más avances que haya, la mentalidad de los jóvenes es maleable, llena de huecos, con tendencia a la imitación de patrones, ideas, conductas, actitudes y valores, no se diga de opiniones. Esto no los hace menos, no obstante los hace vulnerables a los intereses mezquinos de los oportunistas, los hace carne de cañón predilecta de los que albergan esperanzas aviesas frente a la posibilidad de hacerse de un modo u otro con el poder. Lo hemos visto generación tras generación: jóvenes que en su despertar a la vida contrastan su experiencia con la de sus ancestros y predecesores, fincan sus ideales en una realidad que sienten les va quedando chica y acaban por minar con iracunda virulencia cuando no con desidia, llevados por el rencor, la desesperación, la ambición, las aspiraciones frustradas, más dispuestos a destruir para reconstruir que a construir sobre los construido.

Es más, la digresión anterior sirve para examinar. A esta altura de este texto, habrá que contar cuántos ya se van quedando y siguen dispuestos a seguir ya no nada más el próximo párrafo o la inmediata línea de abajo, sino esta palabra antes del punto y aparte.

Si tú, amigo lector, has rebasado la frontera del punto, antes que nada gracias. Por tu paciencia, interés y gusto por la lectura. Pues no siendo yo un clásico y diciendo quizá barrabasadas me has dado permiso de entrar por los ventanales de tus ojos hasta ese rincón íntimo de tu mente y tu corazón donde habita la curiosidad por saber. Algo, aun anterior a este artículo, detonó tu hambre y tu sed de letras. Te nació pizcar las migajas dejadas por mi retórica, y si llegaste hasta aquí nadie te obligó, ni un profesor ni un programa académico ni tus padres ni Dios, acaso solo tu libre albedrío.

Y en este darme y darte permiso de entrar en un diálogo a través de la distancia confirmo que ninguna letra puede ingresar en la conciencia a punta de insidioso deber. Hay cosas que sí son necesarias y vitales. La lectura puede serlo, pero no el modo como se lo ha venido enseñando por siglos. Que conste, no me opongo a la lectura de nada, sino a meterla con calzador en el ánimo del lector incipiente.