En Facebook suelo solazarme con poemas de lo más variopintos. Recientemente una escritora y promotora cultural solicitó mi amistad. Acepté gustoso. Me han sorprendido varias de sus publicaciones, pero hoy quiero compartir y someter a Elogio este poema.
Ven amor, siéntate aquíYo quiero destacar la belleza del texto y de la sensualidad que extrae de un momento, pues, aún siendo el trasfondo un horror, la escritora ha conseguido (lo que sólo los poetas consiguen) hallar lo sublime.
taparé con cuidado las heridas de tu cabeza con el poco cabello que te dejé
tendré cuidado de no lastimarte más
hielo en los moretones y pomada para tus huellas digitales que han desaparecido
ven amor, déjame mirarte, eres perfecta, así delicada y silenciosa
trastornada, dopada
dolida y vulnerada
así me gustas tanto... eres tan manipulable.
Ven amor cuando hayas recompuesto tus ojos ahora de loca
cuando vuelvas a ser tú, de cualquier manera me volveré a ir.
(Verónica Lozada, en Tráfico de Orquídeas)
Moralmente cualquiera puede considerar lo descrito e incluso estas palabras mías como reprobables, pero en el actor que ejerce la violencia traslucida en estos versos es claro que la moral no tiene cabida, ni la inmoralidad. Se trata del retrato de un ejercicio de amoralidad total.
