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viernes, marzo 21, 2008

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LA MUERTE DE UN MURCIANO EN LA HABANA

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La cubana Teresa Dovalpage (un día habrá de explicar la extraña ortigrafía de su firma) resultó finalista del Premio Herralde en el año 2006 con la novela La Muerte de un Murciano en la Habana, novela que va de lo contemporáneo doméstico a la ficción realista.

El título de la novela La Muerte de un Murciano en la Habana parece el título de una novela policíaca y es como una muerte anunciada, por él aparentemente todo está dicho, desde la portada sabemos quién es la víctima premonitoria que la autora ya nos dice que se trata de un oriundo de Murcia y que ocurre en La Habana, Cuba. Pero esto no es lo importante.

La autora, mediante esta novela ha vuelto a Cuba sin tener que entrar. Como en su otra novela, Posesas en La Habana, cuenta pequeñas historias, las de las personas marginadas y santeros, utilizando un vocabulario deslenguado y muchas obscenidades que, según ella, al corregir el libro trató de reducir lo más posible.

Quien hojee sus páginas podrá pensar que se encuentra frente a una novela algo ligera y que al tratarse de una autora cubana, de ese maravilloso país que es Cuba, se va a encontrar una novela pesimista, que sus personajes son seres intentando sobrevivir en una sociedad cubana que pone a prueba su capacidad de resistencia. Nada más lejos de lo que pretende la autora Dovalpage.
Aquí, Dovalpage da vida a los personajes de una manera teatral estructurada por voces con formato de zarzuela española, escenas y representaciones muy cubanas que tuvieron cierto eco en Cuba, donde se componen zarzuelas que aúnan el estilo español con elementos autóctonos.

En la zarzuela, el tema o argumento puede ser dramático o cómico, de acción complicada, pero refleja la vida cotidiana. La Muerte de un Murciano en la Habana eso es lo que hace, refleja, explica lo consuetudinario. Su prosa es limpia, ágil, fluida y llena de frescura en sus planteamientos. Utiliza el humor en lo relatado, con chispazos que iluminan diálogos verosímiles que abordan el desastre y la impotencia para poder cambiar las cosas, la carencia que existe en la isla de los apagones, los santeros y las diferencias sociales cada día más acentuadas.

Novela realista al fin, encierra amores, traiciones, venganza y pone el acento en la negación a dar la espalda al mundo en que se vive, a no sólo reaccionar sino a actuar para hacer de él algo más que un sitio simplemente tolerable.

En esta novela puede verse la influencia literaria del escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez, especialmente en algunas de sus "cochinerías" y leperadas. Igualmente en la construcción de personajes como el travesti y homosexual Teófilo, que se hace llamar Mercedes en su consultoría espiritual. Los protagonistas, Maricari, una fabricante de muñecas de trapo y Pío, un murciano sesentón que llega a La Habana como responsable de una compañía española. No podemos olvida a la madre de aquella, personaje clave en el desenvolvimiento de las tramas.

La narrativa cubana comprende otros escritores de sólida trayectoria aparte de Teresa Dovalpage. Podemos mencionar a Amir Valle y Senel Paz, personalidades todas que se han hecho un lugar especial en la literatura cubana. Particularmente la autora que nos ocupa, Teresa Dovalpage es creadora de una voz narradora que, aun cuando acude a veces al estereotipo, lo supera notablemente logrando la diferencia literaria. Habla del corazón, sin caer en el tópico. Conmueve desde la crudeza.

El solo hecho de ser finalista del Premio Herralde a modo de trampolín la proyecta suficientemente más allá de la isla, atravesando la mar de lectores. De otro modo, esta reseña no estaría aquí y ni usted ni yo nos enteraríamos de dos cosas: de La Muerte de un Murciano en La Habana, y de que la moderna novela cubana está tan vigorosa como siempre.

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