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miércoles, abril 22, 2009

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EL VIAJE DEL ELEFANTE

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Actualmente estoy leyendo del escritor Portugués y Premio Nobel de Literatura, José Saramago, su libro intitulado El Viaje del Elefante, en el que narra con singular desparpajo y sencillez la travesía de un elefante asiático que el rey Juan III ofreció como regalo de cumpleaños a su primo el archiduque Maximiliano I, allá por el siglo XVI.
Esta obra de Sáramago está verdaderamente ligera, se pasan las páginas con gran fruición. No diré que es una maravilla de historia. Tampoco puedo decir que es una temática original. Hasta cierto punto y con ciertas reservas particulares me recordó aquella serie de televisión de los años setenta, muy tierna y aleccionadora intitulada Maya, que trataba de la travesía de una elefanta conducida por un par de adolescentes, uno hindú y el otro inglés. Si no me falla la memoria, el joven hindú era huérfano y el inglés se hallaba extraviado, por lo que el primero se ofrece a llevarlo por selvas, planicies y poblados en busca de su familia. Si no era así, bueno, ya cambié la historia y espero que vendrán lectores a corregirme o a rememorar detalles más puntuales.
José Saramago no es un autor propio para infantes ni para adolescentes. A menos que estos tengan una bien plantada claridad sobre los pormenores gramaticales de su idioma (sea español o portugués). Digo esto porque este escritor tiene la particularidad estilística de abusar de la coma y no emplear las mayúsculas, ni los puntos y coma, puntos y seguido, ni los puntos aparte, ni admiraciones ni interrogaciones y con estos dos signos ni siquiera puede esperarse, al estilo anglosajón, uno de cierre. Los puntos los usa sólo cuando quiere cambiar de escena (nuevo párrafo) y las mayúsculas sólo para indicar el arranque de una nueva idea, a modo de punto y seguido, o al comienzo del párrafo; sólo así puede un nombre propio gozar del beneficio de la mayúscula, de lo contrario, va con minúscula. Tampoco usa, paréntesis, corchetes, los guiones ni las comillas para indicar y distinguir diálogos o citas, o ideas aisladas. Estas son sus reglas que aplica primordialmente en sus novelas, pues en sus ensayos y artículos escritos en diversos periódicos y revistas, así como en su blog estas reglas no aplican, como en cambio sí la casi impecable corrección estilística.
Estas observaciones, más que hacerlas con afán de crítica, las hago con afán de advertencia para aquellos lectores que quizá tomen el libro reseñado como primer acercamiento al autor. Al lector primerizo habituado por lo general, con y aún sin muchas nociones de gramática, a leer frases escritas de modo muy ortodoxo, seguramente le parecerá ilegible o, por lo menos, difícil de comprender cualquier novela de Saramago por esta razón. Mientras el cerebro lector no se adapta a omitir los signos y sustituirlos por el sentido que encierra el contexto que une a las palabras, mientras eso no sucede el lector se ve obligado a retrotraerse una y otra vez en las páginas para entender de qué se habla, quién habla y cuál es el hilo de los acontecimientos, de la trama. Fragmentos como:
... A primera vista el elogio no vale gran cosa, pero siendo su padre la medida me doy por satisfecho, Permite vuestra alteza que me retire, preguntó el secretario, Vaya, vaya a su trabajo, y no se olvide de las ropas nuevas para el cornaca, cómo dijo que se llamaba, Subhro, mi señor, con hache, Bien.

en una primera aproximación, insisto, pueden confundir especialmente a infantes y adolescentes que apenas se asoman a la literatura y aún no dominan la escritura. Digo esto con base en la experiencia que se tiene en los niveles de educación primaria, media y media superior; lo que no descarta, dadas las deficiencias arrastradas en muchos de nuestros países latinoamericanos (aunque en este momento pienso en mi México), que incluso en niveles superiores pueda suceder el atasco que acuso.
Si usted, profesor o padre, piensa regalar una obra de Saramago a su hijo(a), o encargarlo a sus pupilos, primero cerciórese de que estos (e incluso usted) ha desarrollado la habilidad de la lectura rápida (no necesariamente fotográfica) y de comprensión. Cerciórese también de que ,efectivamente, su manejo de la gramática es suficiente como para captar las pausas y diferenciear los significados sin necesidad de apoyarse en la puntuación y la sintáxis. Cerciórese de que puede leer de corrido grandes párrafos y no perder el hilo. Comprobado lo anterior, lea junto con él o ella los mismos tramos y corroborará, más pronto que tarde, que basta sólo un mínimo de concentración para entrar en el juego de reglas rotas de la escritura de Saramago. Verá correr en su mente y su imaginación los personajes y las situaciones, tomará velocidad y avanzará capítulo tras capítulo con gran gusto.
Este recurso de escribir casi como siguiendo el fluir del pensamiento, característico de este autor, si al principio es un aparente obstáculo, al poco rato de introducirse en sus líneas se vuelve un estilo amable. En esta obra particularmente, la lógica sirve de pretexto para propiciar la reflexión en torno a la humanidad, y el humor y la ironía se unen a la compasión. El tema de las flaquezas humanas, siempre presente en la obra de Saramago aparece en esta obra, que no es un libro histórico sino una combinación de hechos reales e inventados, con una lucidez casi infantil. De aquí la advertencia anterior. Es tal el encanto de la obra desde su título muy atractivo, que El Viaje del Elefante es una magnífica trampa para lectores primerizos. Se antoja. Una vez dentro, atrapa por su candor o lacera por su estilo. Si lo primero, un asiduo seguidor de Saramago queda asegurado y, como abeja dócil, polinizará la comunidad con sus recomendaciones. Si lo segundo, un detractor queda suelto, y ni siquiera por motivos congruentes y fundamentados en el contenido y la forma de la obra, sino por causa de la propia ignorancia y las deficiencias lingüísticas.
Ahora, no crea a pie juntillas todo lo aquí dicho. Mejor atrévase, escarmiente en cabeza propia, acérquese a la obra, degústela, forje su propio criterio y ya me comentará su experiencia.

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